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martes, 21 de enero de 2014

CEBOLLA CARAMELIZADA

 
Las tortillas de cebolla de mi madre son míticas. En serio. Podríais preguntarlo a cualquier persona de mi familia y os lo diría. Recuerdo sus tortillas de cebolla desde la infancia. Solía ser el segundo plato cuando el primero era un hervido, y también el de las lentejas.
 
Un poco más mayor descubrí que su truco, no era nada relacionado con la tortilla, sino con la fritura de la cebolla. Sus calamares encebollados son también motivo de ovación general cada vez que los hace, y eso que no tienen ningún misterio... ¿O sí?
 
A veces, si por algún motivo mi madre no estaba en casa y yo me tenía que encargar de la comida de mi padre (que es muy mal comedor) solía hacerle algo con cebolla frita, que es de las pocas cosas que le pirran y por las que no protesta. Y el se lo comía, con una miradilla de... "gracias por el esfuerzo, pero no es como la de la mamá" Así que tuve que ponerme a su lado la siguiente vez que hizo cebolla, a ver si descubría el as que se guardaba en la manga.
 
Todo lo que se de cocinar, las bases al menos, las aprendí de ella, antes de tener edad y motivación suficiente para empezar a leer un poco, e ir aprendiendo algunas cosas (menos de las que desearía). Más tarde entendí que cuando ella bromeaba sobre que sus platos están tan buenos porque se hacen con amor, en realidad no le faltaba razón; es la forma de explicar que las cosas están más buenas si las haces con paciencia, dándole su tiempo a los ingredientes, respetando sus tiempos de cocción y dedicándose a ellas en lugar de estar haciendo veinte cosas a la vez.
 
En fin... Lo que hacía tan especial esa tortilla de cebolla de mi infancia, era que mi madre lo que hacía era caramelizar la cebolla. Pero ella nunca me lo supo explicar así, porque ni ella misma entendía entonces ese término. Para ella era -y es- cebolla frita. Es como ella la ha hecho siempre. Sin más nombres.

 
Hace como un año, compré una Thermomix y mi presentadora quiso que hiciésemos un día cebolla caramelizada porque salía fenomenal. Cual fue mi sorpresa entonces al descubrir que para caramelizarla lo que hacía era añadirle a la cebolla azúcar moreno! Acabé comprando la maquinita, pero jamás la uso para hacer cebolla. Hay cosas que hay que hacer como hay que hacer. Porque además es un placer.
 
Bueno, para no enrollarme más. Que podéis hacer esta cebolla en casa. No es nada complicado, lo único que quiere es tiempo y paciencia. Lo bueno es que puedes hacer un buen montón, porque la que sobre la puedes congelar. Es un acompañamiento perfecto para carnes a la plancha, para tartaletas (mezclada con queso de cabra por ejemplo) para bocadillos (algún día os hablaré del bocadillo Almussafes) y como no, para los calamares encebollados y para la tortilla de cebolla.
 
NECESITAS
 
- 4 cebollas grandes
- 5 o 6 cucharadas de aceite de oliva (hasta cubrir totalmente el fondo de la sartén)
- Sal.
 
La técnica no requiere mucha explicación. Primero, se corta la cebolla en juliana fina (a tiritas) Dependiendo de la preparación, si quieres puedes también cortarla a taquitos, pero yo siempre la suelo hacer en juliana.
 
Una vez cortada, se pone en una sartén amplia con el aceite. Yo lo hago así, en frío, no precaliento el aceite antes. ¿Por qué lo hago así?:
 
Ah!  cebolla! Ingrediente delicado y caprichoso. Es como un niño mimado. Ella quiere tu atención y si se la das, te premiará con una textura y un sabor estupendos. Pero si no controlas bien la temperatura del aceite y está demasiado caliente, es fácil que se te queme, quedando esos puntitos negros en algunos bordecitos. No queremos eso. queremos un color tostado y uniforme y un sabor tirando a dulce y por supuesto, sin ese regusto a quemadillo.
 
Con el aceite y la cebolla ya en la sartén, la ponemos a fuego medio y vamos dándole vueltas mientras el aceite se va calentando. Una vez oyes que la cebolla se empieza a cocinar, se le añade un buen pellizco de sal, se baja el fuego al mínimo y se tapa la sartén, dejando que se cocine poco a poco y a fuego muy bajo.
 
A partir de aquí, lo único que tenemos que hacer es ir moviéndola a menudo, para evitar que el fondo, o algún trocito pegado a la pared de la sartén se queme. No tiene más. Eso sí, el proceso va a durar un mínimo de media hora. Verás como poco a poco, el volumen se va reduciendo y el color se va oscureciendo, hasta quedar de ese tono marrón tan apetitoso. A más tiempo la mantengas al fuego lento, y moviendo sin parar, más se reducirá, y más oscura se hará. Al final te quedará menos de la cuarta parte de volumen de cebolla, así que no te cortes!!
 
¿Como se carameliza? Por los propios azúcares presentes en la cebolla. Poco a poco, con la cocción lenta y el movimiento, se van liberando los azúcares de la cebolla, que se va deshaciendo en el propio agua que también suelta la cebolla y que se evapora muy poco debido a que tenemos la sartén tapada.
 
Debe quedarte con un aspecto jugoso, ni seca ni con demasiado líquido. Si tienes alguno de estos dos "problemas" atento:
 
Si ves que te quedas sin líquido hacia el final de la cocción, puedes añadirle hacia el final una o dos cucharadas de agua y sigues removiendo hasta que ésta se evapore, pero en realidad si sigues las instrucciones, no tiene porqué hacerte falta. También puedes añadirle en vez de agua, un chorrito de vinagre de módena y le da un toque. Los hay aromatizados con los más diversos ingredientes, y puede venirte bien para alguna preparación en concreto pero para la receta básica no te hace falta.
 
Cuando esté casi terminada, si ves que queda demasiado líquido en la sartén, destápala y termina con la sartén destapada, pero sin dejar de mover.
 
¡Ya tienes tu cebolla caramelizada, y sin azúcar añadido!
 
Espero que lo probéis. De verdad que la tortilla con una cebolla bien hecha es un espectáculo, y si no, ya me contaréis!
 
Hasta la próxima co-cine-ritos!
 
 
 

jueves, 20 de junio de 2013

ENSALADA DE BROTES Y FRUTAS

Os presento hoy un micropost, porque para hacer una ensalada, no hay demasiada explicación que dar. Coges tus ingredientes, los cortas si es necesario, los mezclas, la aliñas, y ¡a comer!



Pero no me la quería dejar atrás, porque es mi favorita, y por que es perfecta para usar este aliño.
Además es que ya queda poquíííísimo para que desaparezcan las naranjas hasta el invierno que viene. De hecho, si quieres comprar naranjas de temporada, busca que sean de la variedad "Valencia late" que ahora las encuentras muy buenas. Y ya que te pones, compra unas cuantas de más y prueba a hacer un agua de Valencia fresquita de cara al fin de semana.

Pero bueno, si no encuentras naranjas que te gusten, sustitúyela por fresa u otra fruta de temporada. Lo importante es que le de colorido y un punto acidez, ya que el aliño va a ser dulce y le va genial.

Os contaré una intimidad: Tengo una relación de amor-odio muy complicada con el tomate. No nos entendemos bien. Y para colmo, a Alfre le encanta en todas sus versiones. es llegar el calor, y se toma como medio litro de gazpacho al día. Y mientras yo, iincapaz de morder un tomate crudo, y sé que es un crimen viviendo en una ciudad donde el "tomate valenciano" es reverenciado por casi todos como un manjar de dioses. Pero es que no puedo. Sin embargo, rallado en unas tostadas o restregado me lo puedo tomar (y me encanta) menos mal, porque es una pena perderse todas sus propiedades. Peeeeeero, aunque está triturado no puedo soportar el gazpacho. Aunque lo hago para Alfre, y por lo visto me sale bueno. Digo por lo visto porque yo no lo pruebo. Ahora sí. Bien fritito y en un bocata con embutido no hay nada mejor. Y los tomates secos me parecen lo más. También tomo ketchup. y puedo llegar a tolerar una rodaja de tomate natural si es muy fina, el tomate está verde y va mezclado con otros ingredientes, por ejemplo en un bocata. Lo dicho. Una relación complicada. Por eso tuve que inventarme otra forma de tomar ensaladas, porque la clásica valenciana que va con tomate, cebolla cruda y aceitunas no va conmigo. Así que me busco las vitaminas por otras vías. Menos mal que me encantan las frutas.
Así que espero que os guste mi ensalada. Sin tomate, pero llena de color, de sabor y vitaminas.

 

NECESITAS (para 4 personas, o 2 de plato único)
- Una bolsa de trío de brotes (espinacas, canónigos y salvia roja) de 120 gramos
- queso de cabra fresco.
- un par de puñados de nueces
- una naranja y un kiwi (o puedes usar fruta de temporada) Si usas otra fruta, que sea un poco ácida y con color, como la piña y la fresa, por ejemplo que es buena opción para el verano. También le va bien una manzana Golden.
- Vinagreta de mostaza y miel

Para prepararla, no tienes más que cortar el queso a taquitos del mismo tamaño y la fruta pelada a rodajas finas. 

Ponemos en la base de una fuente plana el mezclum de brotes. Añadimos el resto de ingredientes bien distribuidos, terminando con la fruta y aliñamos con la vinagreta, teniendo en cuenta que no le hace falta mucha cantidad. ¡Ya tienes tu ensalada de brotes tiernos y fruta de temporada!

Espero que os guste. ¡Hasta la próxima!

viernes, 31 de mayo de 2013

PALMERITAS DE SOBRASADA Y MIEL

Alfre es un adicto total a la sobrasada. Le gusta de todas las formas posibles. Tostadas con sobrasada y punto, con sobrasada quemada, al horno, en tortilla, en bocata (lo de los bocatas de sobrasada merece un capítulo a parte, y se lo vamos a dar), en lasaña, en cazuelita con miel...

Al final decidimos dejar de tener en casa de forma habitual, porque ya se sabe, que lo primero con las adicciones, es alejarse lo más posible del objeto de deseo. A no ser, que alguien salga de viaje y nos traiga una estupenda sobrasada mallorquina, de la que damos cuenta lo antes posible. O bien que caiga alguna ocasión especial, que se disfraza de rápida excusa para decir...

- Y ya que estamos, compramos una sobrasada...

Hasta que Alfre tuvo que irse a vivir a Menorca unos años, no la habíamos probado combinada con miel... Madre mía... Y a que mala hora la probamos... Porque si ya es un pecado mortal por sí misma, con miel ya es... es... Vamos. Que si queréis saber lo que es, no os va a quedar otra que hacer esta receta y caer también en la tentación. Y dejarte llevar por ella. Y empezar a tener miel de forma habitual en casa. Y empezar a probar esta comibación de todas las formas que se te ocurran (te propongo seguir por la pizza de sobrasada y miel)

Hoy os dejo el paso a paso de estas palmeritas que están de vicio, y te arreglan un aperitivo para una visita inesperada en un momento. Y además es que son chulos ¿no te parece?


Y es que son taaaaaaan fáciles de hacer. Que tienes que probarlas. En serio. Porque luego puedes probar a hacerlas de todos los rellenos que se te vayan ocurriendo, tanto dulces como salados. Imagínetalas de nocilla... No digo más...

Necesitas:

- Una placa de hojaldre del supermercado. Puedes probar la del supermercado que vayas, aunque es mejor que la compres de las frescas. Si no la encuentras, entonces de las congeladas. En ese caso, descongela correctamente antes de empezar con la receta.
- Sobrasada. De la mejor calidad posible, es lo que va a determinar el sabor principal de la receta. Si tienes la suerte de pillar una buena sobrasada mallorquina, mejor que mejor.
- Miel.
- Un huevo para pintar.

Y ahora vamos con el proceso:
Precalienta el horno a 200 grados, calor arriba y abajo.
Extiende la masa de hojaldre con el papel que lleva, y estírala ligeramente con las manos, ya que al estar en frío siempre se encoge un poco. Después, con una cucharilla ve poniendo pegotitos de sobrasada sobre ella.


Ahora, con el dorso de la cucharilla o con los deditos, ve estirando la sobrasada por toda la capa de hojaldre. Ha de quedar una capa no muy gruesa, ya que si no te quedarán demasiado fuertes y aceitosas. Procura que quede extendida por toda la masa. Después, deja caer un corrito de miel por encima.

Ya lo tienes. Ahora toca formar las palmeritas. Ayúdate del papel en que viene envuelta la masa, y empieza a formar un rollo por la parte larga. De este paso depende la forma de tus palmeritas, así que intenta hacer el "rulo" igualadito. Es importante que no aprietes mucho la masa, o la sellarás y no te crecerá bien.

Cuando le hayas dado un par de vueltas -suficiente para que no se te desenrolle- dale la vuelta a la masa, y realiza la misma operación desde el lado contrario. La clave es dar las mismas vueltas por cada lado de la masa. No te preocupes si los bordes quedan un poco desiguales.

Con la masa enrollada por ambos lados, es el momento de batir un huevo para pintarla. Primero, pinta la junta de los dos rollitos, y junta con las manos, para que se peguen. Ve dando la vuelta al rollo y píntalo bien con el huevo batido.



Ahora, coge un cuchillo bien afilado, y ve cortando en rodajas de un dedo de grosor. El cuchillo debe ser de filo liso, y debes intentar hacer un único corte (No hagas movimiento de zig zag, ni uses el cuchillo del pan para no sellar la masa)


Ahora sól te queda terminar de pintar con huevo batido, y al horno hasta que veas que el hojaldre ha subido y las palmeras están doraditas, más o menos 15 minutos, aunque depende del horno. No te preocupes si te quedan desiguales, en cuanto las metas en el horno y empiecen a crecer se redondearán. Las mías fueron al horno tal cual las ves en la foto.

¡Pues ya las tienes... ¿A que ha sido fácil? Pues aquí tienes la receta básica. En casa nos encantan con sobrasada y miel, aunque también las hacemos con tapenade de aceitunas:


Y si quieres complicarte un poco menos, puedes probar a enrollar sólo desde un lado, y hacer unos rollitos de jamón y queso con un pelín de orégano como aquí:

Mmmmm... Es que de verdad que están riquísimos estos rollitos, y ¡oye! que te hacen el apaño la mar de bien, así que no dudes en tener una masa de hojaldre en el congelador.

Ahhh!!!! Y por supuesto, como en casa no se tira nada, os voy a enseñar lo que hacemos aquí con el huevo que sobra de pintar el hojaldre:



Así que Dharma se pone como unas castañuelas de alegre cada vez que huele la sobrasada, jajaja! Pero no por la sobrasada... ¡Es que la tía se zampa una tortillita...! Que la deja así de feliz:



¡JUAS! Pues nada gente! Lo de siempre. Espero que lo hagáis, lo disfrutéis... ¡Y me lo contéis!
Besos, y ¡Hasta la próxima!

jueves, 25 de abril de 2013

ESGARRAET (EL DE MI MADRE)



Hay recetas, en todas las casas, que no fallan en cada comida familiar en las que hay algo que celebrar. En casa de mis padres, en toda jalandria que se precie está el "esgarraet". Tengo tantos recuerdos de mi madre en la cocina, masajeando esos pimientos rojos antes de meterlos al horno... Son imágenes, y olores, que están grabados en la memoria, asociados a tu infancia...

En casa de mis padres, una típica comida de domingo de verano, en vacaciones consistiría, con toda probabilidad, en un plato de esgarraet, una bandeja de rodajas de pan tostado, un cuenco de tomate rallado con aceite, sal y ajitos, y un plato a parte con huevo crudo, mojama de atún, y queso fresco, para picar. Seguido bien de una paella valenciana (en breve receta) o bien de una "fideuà" o un arroz "a banda" para terminar abriendo un melón "del perelló" bien fresquito. Café y copita. Y seguro que algún dulce que alguien se ha traído... Y de una siesta de una hora. Benditas vacaciones...

Esgarraet significa literalmente "desgarradito". Hace referencia a como se prepara esta ensalada de bacalao y pimientos desde siempre: Con las manos. Desgarrando los pimientos asados y el bacalao en salazón, de forma irregular, propiciando que se suelten los jugos del pimiento.


                                                                NECESITARÁS

- Pimientos rojos, grandes, bien maduros (elígelos más o menos del mismo tamaño para que se asen por igual)
- Bacalao en salazón (De 70 a 100 gramos por pimiento, según afición al bacalao. Para mi gusto, 100)
- Ajos. (cuenta aproximadamente un diente de ajo por pimiento)
- Aceite de oliva virgen extra.

Lo primero, es precalentar el horno a 200 grados. Mientras, lavamos y secamos bien los pimientos, los ponemos en una fuente apta para el horno, echamos un buen chorro de aceite de oliva, y vamos masajeando bien cada pimiento, uno a uno, para que estén bien impregnados, y al horno. No les ponemos sal, ya que irán mezclados después con el bacalao, que ya es salado. Si los queremos para otras preparaciones, podemos ponerles un poco de sal antes de llevar al horno. Estarán en el horno entre 45 minutos y una hora, dependiendo del tamaño de los pimientos. Es importante que se hagan bien.

Aprovechando este tiempo, cogemos el bacalao y lo ponemos bajo el chorro de agua fría, frotándolo un poco para eliminar el exceso de sal. Después lo secamos bien con un paño. Hay quien directamente lo deja en remojo. Yo no soy para nada partidaria de este método. Lo he probado, y para mi gusto se desala demasiado, se empapa, y se le va toda la gracia.

Una vez asados los pimientos, cubrimos la fuente con un papel de aluminio, y esperamos a que se templen lo suficiente para poder manipularlos sin quemarnos. Si dejas que se enfríen del todo será más difícil quitarles la piel, y es importante pelarlos muy bien y quitar todas las pepitas que podamos. De que esté bien limpia dependerá el éxito de nuestro esgarraet. Dejamos enfriar a temperatura ambiente.

Bien. Ya tenemos nuestros pimientos asados, pelados, limpios de pepitas y fríos. Ahora toca "Desgarrar". Sobre el recipiente donde vayamos a guardarlo (con tapa hermética), vamos rompiendo cada pimiento con las manos, en tiras de más o menos el mismo grosor. Podemos añadir un poco del líquido de los pimientos que nos ha quedado en la fuente de asar. Después, repetimos el mismo proceso con el bacalao. Una vez terminado, añadimos los ajos bien picaditos. Por último, cubrimos toda la ensalada de aceite de oliva. Ha de quedar todo cubierto, para su conservación, y para que quede bien macerado.

NOTAS:

- Esta ensalada se sirve a temperatura ambiente, o un poco fresquita, mejor que no sea directamente de la nevera, ya que el aceite se solidifica, así que si te sobra y la guardas, sácala de la nevera un rato antes de volverla a servir.
- Siempre mejor prepararla de un día para otro, para que todos los sabores se integren bien.
- Hay quien le añade unas aceitunas negras a rodajitas, o bien se puede servir con mojama, huevo duro, atún... Para hacer la ensalada más completa, aunque la que os he puesto es la receta original y no le hace falta más.
- Si no te gusta encontrar el ajo (a mí es que me encanta el ajo crudo) puedes poner los trozos más grandes para poderlos evitar en tu tostada, pero no dejes de ponerlo, ¡el toque es importante!
- Imprescindible servirla con pan.
- Una vez terminada, el aceite que queda, os vendrá genial para aderezar otra ensalada, o simplemente para mojar pan para un bocata de atún con olivas. Mmmmmm......!!!!

Espero que lo hagáis, lo probéis, lo disfrutéis... ¡Y me lo contéis!


miércoles, 10 de abril de 2013

PATATAS AL GRATÉN, Y UNA HISTORIETA VECINAL

NUESTROS VECINOS GEMMA, LUIS, CHAKRA Y LOS MARTES GASTRONÓMICOS.
 

Gemma, Luis y Chakra (su compi de 4 patas) han sido nuestros primeros amigos del barrio. Yo recelaba cuando nos trasladamos aquí hace ya más de 3 años. Venía a la city desde un pueblo (aunque grande) y pensaba si me adaptaría a no conocer a los vecinos, tenderos del barrio etc. Al final he visto que no es tan diferente. Uno se hace a su barrio, con sus tiendecillas y su gente. Nosotros, gracias a Dharma hemos conocido a un montón de vecinos, alguno de los cuales ya los consideramos amigos. ¡Es una de tantísimas cosas buenas que tiene compartir la vida con un can! Chakra y Dharma son mejores amigas desde cachorras, ¡se adoran! así que siempre que podemos solemos salir juntos para que se vean "las niñas". Como a ellos también les encanta juntarse, y comer, hemos terminado por cenar juntos cada martes en lo que hemos llamado: Martes gastronómicos. Esto tiene una historia, pero como no me quiero alargar más por hoy, os dejo con la receta. La historieta para el próximo post.



     PATATAS AL GRATÉN (Para 4 raciones hermosotas, de plato único, u 8 de guarnición)




- 5 patatas grandotas
- un envase de medio litro de nata para cocinar.
- mantequilla para engrasar el recipiente.
- Sal, pimienta y nuez moscada y ajo en polvo (opcional).

* Hay quien le añade huevo batido, queso o cebolla entre las capas de patata. Lo dejo a gusto del consumidor, se pueden hacer infinitas variantes según la imaginación de cada cual, pero este ya es un plato contundente y calórico por si mismo, y además simplemente así ¡está buenísimo!

¡Vamos al lío! Es tan fácil que casi no hay receta:

Ponemos el horno a calentar, calor arriba y abajo, a 180 grados.
Pelamos las patatas y las lavamos enteras. luego las cortamos a lo ancho en rodajas finitas ¿véis el grosor en la foto? IMPORTANTE: Una vez cortadas, no hay que lavar más las patatas, para que no suelten el almidón que ayudará a ligar la nata.
Ahora, engrasamos una fuente apta para el horno con mantequilla. Ha de ser altita porque vamos a hacer capas de patata.
Ponemos una capa de patatas, cubriendo bien todo el fondo, tratando que queden ordenaditas.
Después echamos un chorrito de nata. no hace falta cubrirlas totalmente, después la nata de las capas superiores irá bajando al fondo. Ponemos sal al gusto, un pelín de pimienta negra recién molida, un poco de nuez moscada, y si se desea un poco de ajo en polvo.
Vuelve a ponerse otra capa de patatas, y se repite el proceso hasta terminar con todas las patatas.
Por último, se termina de volcar la nata que nos quede por encima hasta terminar el envase.
Si se desea, pueden ponerse encima del todo algunos pegotitos de mantequilla sobre la última capa que nos harán un bonito dorado.

¡Pues ya está! ¿Véis que fácil? Se deja en el horno una hora, o hasta que estén hechas (clavando una brocheta, hay que atravesar todas las patatas sin problemas, y la brocheta saldrá fácilmente. Si queda enganchada, es que todavía no está listo.
¡Ah! Y si veis que se dora demasiado a mitad de cocción, podéis poner un papel de plata sobre la fuente para que no se dore más. Con esto lo tenéis todo.
Podéis tomarlo acompañado de una ensalada como plato único, o hornearlo en aritos de emplatar, y usarlo como guarnición para un plato de carne o pescado.

                                                 ¡ÑAM, ÑAM... A DISFRUTAR!