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miércoles, 23 de abril de 2014

TORTILLA DE PATATA (CASI SIN ACEITE)

No se como habréis pasado la Semana Santa este año, con sus monas, y sus panquemaos, y su longaniza de Pascua, y sus salidas al campo...
Yo este año lo he llevado bastante bien, intentando no pasarme, porque estoy a dieta. Sí, ya se que veis mucho dulce por aquí, pero recordad que somos 4 autores, y de todo debe haber en esta vida, no??? 

Sobre mi dieta, os tengo que contar que estoy siguiendo la dieta de entulínea. Os adelanto que antes de hablar sobre ella en el blog, llevo un mes con ella, y con resultados muy positivos. Me decidí por esta, por un lado, porque me declaro incapaz de seguir una de estas dietas restrictivas que te prohíben alimentos, se llamen como se llamen. Y por otro porque tras informarme, he visto que es una dieta muy equilibrada, en la que comes de todo y además te puedes permitir algún capricho de vez en cuando, así que tampoco anula tu vida social. Claro, que ir primero al médico de cabecera, también a un endocrino, y que la propuesta de ambos sea un folio con una lista de menús cerrados con un montón de ingredientes que no me gustan, y otro montón de prohibiciones tampoco ayuda. En fin, para no extenderme... Que a partir de ahora, cuando sea yo quien escriba una receta, veréis que pongo una serie de puntos al lado de cada ingrediente para los lectores que también la siguen. Para quién no, pues sin hacer caso a esta numeración podéis seguir la receta igual. 

El caso es que a dieta o no, a una tortilla de patatas no me puedo resistir de vez en cuando. Ya os he hablado a veces de mi afición patatera, y es que me pirra el bendito tubérculo este... Ains, que le voy a hacer! Pues nada!!! Zampármela!!! Eso sí, con esta receta que hago últimamente, que aligera un montón este referente de nuestra gastronomía que es la tortilla española! 
¿Alguien diría que solo lleva 4 cucharaditas de aceite?


NECESITAS (Para 2 personas)

- 3 huevos (6pp)
- Dos patatas medianas (7pp a saciedad)
- Media cebolla, opcional (0pp)
- 4 cucharaditas de aceite de oliva (4pp)
- Sal (0pp)
* En total, 17pp, 9pp por ración. 

Empezamos cortando a trocitos regulares la patata, y la cebolla (Esta última en casa nos gusta cortada muy pequeñita) 
La volcamos a un bol, que taparemos con papel de film de forma que quede bien sellado. En este paso no añadimos nada de aceite ni de sal. Colocamos al microondas, 10 minutos a máxima potencia. 
listas para el micro


Hasta aquí nada nuevo, lo hace así mucha gente. ¿Cuál es el problema? Que la patata queda blanca, y blandita, nada similar a nuestra estupenda y dorada tortilla de siempre, así que yo siempre añado un paso más:

Calienta una sartén con dos cucharaditas (de las de postre) de aceite. Una vez esté bien caliente, volcamos las patatas que hemos hecho en el micro y añadimos la sal al gusto. Recordad que la patata ya está cocida, este paso es sólo para dorarla. Así que dale unas cuantas vueltas hasta que coja un color doradito gracias al aceite.
Viaje patatil del blanco al dorado

Ahora sólo queda batir los huevos, añadir sal si es necesario, y cuajar la tortilla al gusto con otras dos cucharaditas de aceite (si tu sartén no se pega es más que suficiente) 
Forjando el pecado (venial)

Y ya tenéis lista la tortilla!!! Queda muy buena, y aligeramos un montón! Además de no ensuciar casi nada al evitarnos el fritangueo.
Dorada, jugosa... ¡y ligera!

Pues hasta aquí la receta de hoy! Espero que la probéis, de verdad que vale la pena.
A disfrutar co-cine-rit@s!

martes, 21 de enero de 2014

CEBOLLA CARAMELIZADA

 
Las tortillas de cebolla de mi madre son míticas. En serio. Podríais preguntarlo a cualquier persona de mi familia y os lo diría. Recuerdo sus tortillas de cebolla desde la infancia. Solía ser el segundo plato cuando el primero era un hervido, y también el de las lentejas.
 
Un poco más mayor descubrí que su truco, no era nada relacionado con la tortilla, sino con la fritura de la cebolla. Sus calamares encebollados son también motivo de ovación general cada vez que los hace, y eso que no tienen ningún misterio... ¿O sí?
 
A veces, si por algún motivo mi madre no estaba en casa y yo me tenía que encargar de la comida de mi padre (que es muy mal comedor) solía hacerle algo con cebolla frita, que es de las pocas cosas que le pirran y por las que no protesta. Y el se lo comía, con una miradilla de... "gracias por el esfuerzo, pero no es como la de la mamá" Así que tuve que ponerme a su lado la siguiente vez que hizo cebolla, a ver si descubría el as que se guardaba en la manga.
 
Todo lo que se de cocinar, las bases al menos, las aprendí de ella, antes de tener edad y motivación suficiente para empezar a leer un poco, e ir aprendiendo algunas cosas (menos de las que desearía). Más tarde entendí que cuando ella bromeaba sobre que sus platos están tan buenos porque se hacen con amor, en realidad no le faltaba razón; es la forma de explicar que las cosas están más buenas si las haces con paciencia, dándole su tiempo a los ingredientes, respetando sus tiempos de cocción y dedicándose a ellas en lugar de estar haciendo veinte cosas a la vez.
 
En fin... Lo que hacía tan especial esa tortilla de cebolla de mi infancia, era que mi madre lo que hacía era caramelizar la cebolla. Pero ella nunca me lo supo explicar así, porque ni ella misma entendía entonces ese término. Para ella era -y es- cebolla frita. Es como ella la ha hecho siempre. Sin más nombres.

 
Hace como un año, compré una Thermomix y mi presentadora quiso que hiciésemos un día cebolla caramelizada porque salía fenomenal. Cual fue mi sorpresa entonces al descubrir que para caramelizarla lo que hacía era añadirle a la cebolla azúcar moreno! Acabé comprando la maquinita, pero jamás la uso para hacer cebolla. Hay cosas que hay que hacer como hay que hacer. Porque además es un placer.
 
Bueno, para no enrollarme más. Que podéis hacer esta cebolla en casa. No es nada complicado, lo único que quiere es tiempo y paciencia. Lo bueno es que puedes hacer un buen montón, porque la que sobre la puedes congelar. Es un acompañamiento perfecto para carnes a la plancha, para tartaletas (mezclada con queso de cabra por ejemplo) para bocadillos (algún día os hablaré del bocadillo Almussafes) y como no, para los calamares encebollados y para la tortilla de cebolla.
 
NECESITAS
 
- 4 cebollas grandes
- 5 o 6 cucharadas de aceite de oliva (hasta cubrir totalmente el fondo de la sartén)
- Sal.
 
La técnica no requiere mucha explicación. Primero, se corta la cebolla en juliana fina (a tiritas) Dependiendo de la preparación, si quieres puedes también cortarla a taquitos, pero yo siempre la suelo hacer en juliana.
 
Una vez cortada, se pone en una sartén amplia con el aceite. Yo lo hago así, en frío, no precaliento el aceite antes. ¿Por qué lo hago así?:
 
Ah!  cebolla! Ingrediente delicado y caprichoso. Es como un niño mimado. Ella quiere tu atención y si se la das, te premiará con una textura y un sabor estupendos. Pero si no controlas bien la temperatura del aceite y está demasiado caliente, es fácil que se te queme, quedando esos puntitos negros en algunos bordecitos. No queremos eso. queremos un color tostado y uniforme y un sabor tirando a dulce y por supuesto, sin ese regusto a quemadillo.
 
Con el aceite y la cebolla ya en la sartén, la ponemos a fuego medio y vamos dándole vueltas mientras el aceite se va calentando. Una vez oyes que la cebolla se empieza a cocinar, se le añade un buen pellizco de sal, se baja el fuego al mínimo y se tapa la sartén, dejando que se cocine poco a poco y a fuego muy bajo.
 
A partir de aquí, lo único que tenemos que hacer es ir moviéndola a menudo, para evitar que el fondo, o algún trocito pegado a la pared de la sartén se queme. No tiene más. Eso sí, el proceso va a durar un mínimo de media hora. Verás como poco a poco, el volumen se va reduciendo y el color se va oscureciendo, hasta quedar de ese tono marrón tan apetitoso. A más tiempo la mantengas al fuego lento, y moviendo sin parar, más se reducirá, y más oscura se hará. Al final te quedará menos de la cuarta parte de volumen de cebolla, así que no te cortes!!
 
¿Como se carameliza? Por los propios azúcares presentes en la cebolla. Poco a poco, con la cocción lenta y el movimiento, se van liberando los azúcares de la cebolla, que se va deshaciendo en el propio agua que también suelta la cebolla y que se evapora muy poco debido a que tenemos la sartén tapada.
 
Debe quedarte con un aspecto jugoso, ni seca ni con demasiado líquido. Si tienes alguno de estos dos "problemas" atento:
 
Si ves que te quedas sin líquido hacia el final de la cocción, puedes añadirle hacia el final una o dos cucharadas de agua y sigues removiendo hasta que ésta se evapore, pero en realidad si sigues las instrucciones, no tiene porqué hacerte falta. También puedes añadirle en vez de agua, un chorrito de vinagre de módena y le da un toque. Los hay aromatizados con los más diversos ingredientes, y puede venirte bien para alguna preparación en concreto pero para la receta básica no te hace falta.
 
Cuando esté casi terminada, si ves que queda demasiado líquido en la sartén, destápala y termina con la sartén destapada, pero sin dejar de mover.
 
¡Ya tienes tu cebolla caramelizada, y sin azúcar añadido!
 
Espero que lo probéis. De verdad que la tortilla con una cebolla bien hecha es un espectáculo, y si no, ya me contaréis!
 
Hasta la próxima co-cine-ritos!